Este comportamiento piezoeléctrico puede utilizarse en muchas aplicaciones, por ejemplo, para generar o detectar ondas ultrasónicas, como fuente de ignición (chispa) para encendedores o parrillas de propano, o para movimientos precisos de lentes ópticas para el autoenfoque en cámaras de smartphones.
La tecnología piezoeléctrica también ofrece una nueva forma de desarrollar válvulas para controlar la presión o el caudal de los gases. Cuando se aplica una tensión al doblador piezoeléctrico, éste se dobla y levanta el asiento de la válvula. Cuanto mayor es la tensión, más se dobla el actuador y más gas puede pasar por la válvula.
La piezocerámica actúa como un pequeño condensador, ya que la tensión aplicada carga el material cerámico y lo dobla. Para recuperar su forma original, el material debe descargarse activamente. Las piezocerámicas no necesitan energía para mantener una deformación mecánica existente. Incluso tras un fallo de energía, la válvula conserva su posición actual.
Esto también significa que solo se necesita energía si se quiere cambiar la forma del doblador piezoeléctrico, es decir, para cambiar la carga del propio doblador. La cantidad de energía necesaria en este caso es muy pequeña (del orden de 1 mWs), ya que las piezocerámicas tienen una capacitancia pequeña (del orden de 20 nF a 40 nF). En cambio, las electroválvulas requieren un suministro continuo de energía de varios vatios para mantener el estado abierto, con el consiguiente calentamiento de la electroválvula.
Debido a su bajo consumo de energía, la tecnología piezoeléctrica es ideal para equipos alimentados por pilas (que consumen mucha menos energía que las electroválvulas) y para aplicaciones en las que las válvulas no deben calentar el gas.