Está demostrado que los microcontaminantes o las sustancias residuales tienen consecuencias graves para el medioambiente. Un ejemplo de ello son determinados betabloqueadores, antiepilépticos y anticonceptivos que, cuando llegan a las aguas, producen daños y modificaciones en órganos, características sexuales y comportamiento de los peces. Los daños en el organismo humano aún están siendo estudiados por los científicos.
Una gran parte del microplástico, en tamaños desde cinco micrómetros hasta cinco milímetros, y de las sustancias residuales solo puede eliminarse en una cuarta fase de limpieza. Para ello, en un tanque de contacto se añade al agua carbón activado pulverizado. Con su estructura porosa y quebradiza, el carbón activado posee una enorme superficie interior. En términos físicos, una cucharadita de polvo de carbón activado ofrece una superficie del tamaño de un campo de fútbol. Las sustancias residuales tienen mucho espacio para depositarse en esta superficie. Para ello, el agua enriquecida con carbón activado permanece entre 15 y 20 minutos en el tanque de contacto. Para separar el carbón activado del agua después del proceso de limpieza, en las plantas convencionales se requiere un depósito adicional, el denominado tanque de sedimentación. En él, el carbón activado se decanta, para ser retirado y quemado a continuación junto con los lodos de depuración, lo que incluye las sustancias residuales adheridas. Además del tanque de contacto, también es necesaria una gran inversión en un tanque de sedimentación grande, que requiere una superficie de un tamaño enorme. Los resultados de mediciones realizadas indican que este procedimiento elimina el 80 por ciento de los restos de medicamentos y medios de contraste para rayos X presentes en las aguas residuales. Las plantas de tratamiento de aguas residuales que no disponen de esta cuarta fase de limpieza solo consiguen retener el 30 por ciento de las sustancias residuales detectadas.